Buscar este blog

viernes, 11 de febrero de 2011

Yo tenía diez perritos

Cuando era pequeña mi abuela solía cantarme una canción que decia algo asi como: Yo tenia diez perritos uno no come no bebe... ya no tengo mas que nueve. De los nueve que me quedan, un se comió un bizcocho, ya no tengo más que ocho. Las rimas se sucedían con todos los números en una cuenta atrás destructiva que ya podéis imaginar, concluía con la desparicion de todos los animalitos, en el apoteósico verso El perro que me quedava se escapó tras el cartero...ya no tengo ningún perro.

Pues bien, quien me iba a decir que aquella canción infantil que me desvelaba con 5 añitos,  era una especie de premonición cruel de lo que más adelante iba a suceder con algunas amistades. Y cuando digo amistades no me refiero a coleguillas, conocidos o contactos de relleno de mi facebook. Me refiero a amigos amigos,  los que los que hubiera hecho testigos de mi boda, o padrinos&madrinas de mis hijos.

No no no. Gracias a Dios, todavía no estoy a cero. Pero sí es cierto que estoy observando una tendencia peligrosa de algunos de mis más allegados a desaparecer sin más, por arte de magia. No estoy hablando de enfados ni de malos entendidos, ni tampoco de despedidas dramáticas en el aeropuerto con abrazos, pañuelos y narices moqueantes. Hablo de amigos que simplemente se esfuman. Un día ya no están. Sin malas palabras, sin tensión y sin razón aparente.

El proceso de la muerte de una amistad empieza de forma silenciosa. Primero piensas que si no ves a tu amigo el viernes, lo verás el sábado...Pero pasa todo el fin de semana y rien de rien.  A la semana te empiezas a extrañar, le llamas y tampoco quiere quedar. Al mes ya te has dado cuenta de que pasa algo, porque sabes que tu amigo sale con otra gente, porque has insistido varias veces y no has obtenido respuesta, o tal vez has conseguido un Ya quedaremos y un Ando muy liado.  Cuando hace medio año desde vuestro último encuentro, seguramente tu amigo ya te ha dado explicaciones en forma de Perdoname, cuando pueda nos vemos. En esta fase, tu decepción ya es importante, por lo que empiezas a fantasear con cantarle las cuarenta a tu todavía amigo. Piensas en lo a gusto que te quedaras cuando el te pida perdón, tu te des cuenta de lo mucho que te ha echado de menos y os vaiais a tomar un cafe o una caña ya reconciliados. Pero ese momento no llegará. No quiero decir que no os veáis nunca mas. Es más que probable que os crucéis un dia por la calle, por casualidad y, cuidado porque ese suele ser uno de los momentos mas tristes, no sabréis que deciros. Y cuando pase la pena te darás cuenta de que a ti tampoco te interesa.

2 comentarios:

  1. Bfff conozco demasiado bien esta historia, hasta el punto en que considero milagroso que todavía me quede algún amigo antiguo (solo conservo una amiga que me haya "durado" más de cinco años xD).

    He escrito toneladas de entradas en los mil blogs que tengo perdidos llorando porque mis amigos me decepcionan de una u otra forma. Lo típico, te venden la moto de una forma, te crees esa faceta tan simpática suya y al final... ZASCA!

    Pero bueno, quitando que probablemente yo también haya sido fuente de decepción de numerosas personas en algún momento, creo que ha de ser así forzosamente. Aunque suene mal, y duela, la "vida útil" de las amistades tarde o temprano llega a su fin.

    Esto lo escribí hace un año pensando en este mismo tema:

    "Quizá es así como sea, quizá estemos condenados a emigrar, a deshacernos de nuestra ropa pasada de temporada, a evolucionar y pasar al siguiente nivel. Quizá los que quedan no sean el motivo del problema, quizá todos cambiemos a intervalos distintos y debamos saludarnos con la mano y desearnos lo mejor en nuestro camino.
    En el recuerdo los buenos momentos prevalecerán. Pero no puedo luchar por el pasado obsoleto."

    ResponderEliminar
  2. Ah, y, por experiencia, a veces (MUCHAS veces) más vale un conocido simpático que no un amigo que te causa problemas.

    En resumen, no hay que amargarse por gente que no vale la pena.

    ResponderEliminar