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martes, 15 de febrero de 2011

La vida es dura para los despistados

No hay día sin Sol, no hay playa sin mar y no hay día en mi vida sin despistes. De lunes a domingo, mañana, tarde o noche, surgen imprevistos, fallos del sistema, causados por mi eterna falta de concentración. Yo le pongo empeño: me apunto las cosas en una libreta, repaso mentalmente lo que tengo que hacer, hago listas de posibles errores que puedo cometer. Pero ellos, los pequeños lapsus, son infalibles. Siempre encuentran una brecha en mi concentración y la aprovecha para sembrar el caos a mi alrededor y crear una nueva sensación de derrota en mi conciencia.

En la vida cotidiana de una persona realmente despistada los contratiempos no se hacen esperar. Si no surgen con la ropa (no encuentras la ropa interior, no recuerdas donde has puesto los vaqueros..) aparecen ya a la luz del día cuando te das cuenta de que te has dejado la cartera para ir al trabajo, o cuando empiezas a dudar de si has apagado la estufa o si has cerrado con llave. En cualquier caso, tienes que volver a casa, pero, claro, es más que probable que no puedas entrar porque las llaves se han quedado dentro. Sacar la tarjeta del autobús  es todo un reto...Hay tantos compartimentos en la cartera, y la gente tiene tan poca paciencia...

La hora del trabajo ni comentarla... total no hay que mortificarse tanto, de la vuelta ya ni te acuerdas, tantas horas sin tomar cafeína...tu mente estaba en otro sitio, de viaje astral, vamos que estabas en Babia y no sabes ni como las llegado a casa.

¿Cuál debe ser el remedio para este problema? ¿Alguien lo sabe? Algún curandero, científico, informático. Hoy que parece que casi todo está inventado, tiene que haber algún programa, alguna terapia, alguna infusión...

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