Son tantas las ocasiones en que no me esperaba en absoluto, que a veces pienso que mi pobre mandíbula abierta no volverá a su lugar jamás. Las sorpresas se pueden presentar de mil formas distintas, como caras ocultas de una misma persona, (hay gente que puede tener tantas como quiera), de secretos revelados, de puñaladas traperas. También hay giros dramáticos buenos. Ya desde la tierna infancia son comunes las apariciones de cartitas de amor con la firma más inesperada, o los ramos de flores que llegan del lugar más insospechado.
Pero lo más fascinante es que la sorpresas pueden manifestarse a través de uno mismo, dando testigo de una dimensión desconocida de tu propia persona. Salen como palabras que nunca te esperabas que serías capaz de decir. Borderías que nunca me creíste pronunciar, retos que nunca pensaste superar.
Tal como dice la expresión solo vemos la punta del iceberg. Y en muchos casos pienso que ni si quiera eso. Bajo eun mar apacible puede haber una montaña de hielo y en el rincón mas inóspito del planeta, tal ves esté lo que buscamos.
Todo eso me asusta, es cierto, pero también me ilusiona pensar en la próxima sorpresa que esta por venir. A menudo pienso cual será. Seguro que tiene que ser buena, me digo, y eso no es más que una corazonada, una frase fruto de mi ilusión, dicha sin más, porque, por mucho que me pare a pensar, no puedo intuir todo lo que me pasará, ni todo lo que está pasando.
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